Después de mucho tiempo sin lluvia, Dios le dijo a Elías que fuera a ver al rey Acab. Elías pidió al rey que reuniera a todos en el monte Carmelo para una confrontación: el Dios que hiciera descender fuego para encender el altar sería el Dios verdadero. Los profetas de Baal clamaron durante mucho tiempo, pero el altar siguió frío. Elías construyó un altar con doce piedras, colocó encima la leña y la ofrenda, e hizo que derramaran agua sobre el altar. Oró a Dios, y descendió fuego del cielo que consumió la ofrenda, la leña, las piedras y el agua de la zanja. Todos cayeron rostro en tierra. Después, Elías pidió lluvia en oración; se levantó una pequeña nube y por fin cayó una lluvia torrencial.
Elías confió en Dios, fue a ver al rey Acab tal como Dios le había mandado y también oró a Dios delante de todos. Esta historia nos recuerda que podemos confiar en Dios en medio de las dificultades, cumplir con dedicación lo que Él nos encomienda y contarle nuestras necesidades por medio de la oración.
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