El anciano Abraham envió a su siervo de confianza de regreso a su parentela para buscar una esposa para Isaac. El siervo salió con camellos y regalos, y al llegar a la ciudad de Nacor oró junto al pozo, pidiendo a Dios que lo guiara con sabiduría y bondad. Rebeca llegó al pozo y no solo dio agua al siervo, sino que también quiso sacar agua para los camellos. El siervo vio que Dios lo estaba guiando, agradeció a Rebeca y adoró a Dios. La familia de Rebeca escuchó la misión del siervo y reconoció que esto venía de Dios; Rebeca también aceptó ir. Ella siguió al siervo hasta donde estaba Isaac, e Isaac la recibió, y llegaron a ser una familia. Esta historia muestra que en las decisiones importantes podemos orar buscando la guía de Dios y responder a esa guía con bondad, diligencia y respeto.
Cuando el siervo de Abraham recibió una tarea importante, primero oró junto al pozo y pidió que Dios lo guiara con bondad y sabiduría. Rebeca estuvo dispuesta a ayudar a un viajero y a diez camellos, mostrando bondad, diligencia y un corazón dispuesto a servir. Esta historia nos recuerda que la oración nos ayuda a entregar las cosas importantes a Dios y a aprender a esperar y actuar según su sabiduría. Cuando enfrentamos decisiones importantes, podemos orar, escuchar a padres, maestros y otros adultos confiables, y responder a Dios con acciones honestas, bondadosas y diligentes.
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