En Egipto, el Señor les dijo a Moisés y a Aarón que hicieran de ese mes el primer mes del año y ordenó a cada familia israelita que preparara un cordero sin defecto. Al anochecer del día catorce, se preparó el cordero y se untó la sangre del cordero en los dos postes y en la parte superior de la puerta, como señal que dio el Señor. Los israelitas debían comer el cordero asado con pan sin levadura y hierbas amargas, con cinturones abrochados, sandalias en los pies y bastones en las manos, listos para partir a toda prisa. Moisés les dijo a los ancianos estas palabras; el pueblo se inclinó, adoró e hizo lo que el Señor había mandado.
La Pascua nos enseña que la sangre del cordero era la señal de protección y redención dada por el Señor. Los israelitas no se salvaron por su propia valentía; confiaron en la palabra de Dios y permanecieron bajo la señal de la sangre como Él les ordenó. Esta historia también señala a Jesucristo, el verdadero Cordero Pascual, quien realizó la redención por nosotros para que podamos confiar en la gracia de Dios. Cuando los niños aprenden obediencia, primero deben recordar la obediencia a Dios. Es bueno escuchar la orientación correcta y segura de padres y maestros, pero si alguien te pide que hagas algo incorrecto o peligroso, díselo a un adulto de confianza.
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