El apóstol Pablo escuchó que los hermanos y hermanas de la iglesia de Tesalónica, aunque soportaron muchas dificultades y persecuciones, no vieron disminuir su fe; más bien, se hizo más fuerte y el amor mutuo se hizo cada vez más abundante. Pablo se mostró profundamente agradecido y, ante las iglesias, elogió su perseverancia y fe. Les dijo que Dios es justo, que ve su sufrimiento y que seguramente consolará a los afligidos en el futuro y juzgará a sus opresores con justicia. Pablo oró por ellos, pidiendo que Dios los tuviera por dignos de su llamamiento y que por su poder llevara a cabo todo buen deseo y la obra de su fe, para que el nombre del Señor Jesús fuera glorificado entre ellos.
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