Un padre llevó a su hijo sufriente ante Jesús y se arrodilló para pedir ayuda al Señor. Jesús ordenó al espíritu maligno que se fuera, y el niño fue sanado, llenando de agradecimiento al padre y al hijo. Más tarde Jesús y los discípulos llegaron a la casa de Pedro. Pedro obedeció la palabra de Jesús, fue a pescar y encontró una moneda en la boca de un pez, aprendiendo a confiar humildemente en la provisión del Señor.
Esta historia nos recuerda que cuando enfrentamos problemas que no podemos resolver, podemos acudir humildemente a Jesús en busca de ayuda como lo hizo el padre. Jesús tiene compasión y autoridad, y puede proveer para las personas según Su palabra. Debemos admitir nuestros límites, poner nuestra fe en Dios y aprender a obedecer las palabras de Jesús con confianza.
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