Después de ser llevado a Egipto, José llegó a la casa de Potifar, capitán de la guardia del faraón. El SEÑOR estaba con José e hizo prosperar todo lo que él hacía, de modo que Potifar confió en José y puso los asuntos de su casa en sus manos. Más tarde, la esposa de Potifar le pidió una y otra vez que hiciera algo malo, pero José se negó con firmeza. Él dijo que su amo confiaba en él y que no podía cometer esa gran maldad contra Dios. José escogió salir de inmediato de aquella situación equivocada. La mujer se enojó al ser rechazada y mintió para acusar a José. Potifar creyó sus palabras y envió a José a la cárcel. Pero el SEÑOR seguía con José, le mostró misericordia y le dio favor, de modo que aun en la cárcel recibió la confianza del encargado.
José no vaciló frente a la tentación; prefirió sufrir una injusticia antes que pecar. Hacer lo correcto no siempre trae un buen resultado de inmediato, pero Dios lo ve todo y siempre está con las personas íntegras. Por difícil que fuera el ambiente, desde esclavo hasta preso, José siguió sirviendo con fidelidad. El carácter es más importante que la situación, y Dios hará justicia en el momento adecuado.
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