Después de que Salomón se convirtió en rey de Israel, llevó a los israelitas a Gabaón para ofrecer sacrificios, porque allí estaba la tienda donde adoraban a Dios. Aquella noche, Dios se le apareció en un sueño y le permitió expresar su deseo. Salomón no pidió oro, un gran palacio ni vivir para siempre, sino sabiduría para saber qué era lo correcto y cuidar al pueblo de Dios. A Dios le agradó su petición y no solo le dio sabiduría, sino también riquezas y honor. Más tarde, Salomón usó la sabiduría que Dios le había dado para ayudar al pueblo.
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