Pedro recorría muchos lugares visitando a los creyentes. Cuando llegó a Lida, encontró a Eneas, que llevaba ocho años paralizado. En el nombre de Jesucristo, Pedro lo sanó. La noticia se extendió, y la gente de Lida y de Sarón creyó en el Señor. Después Pedro fue a Jope, una ciudad junto al mar, donde había muerto una creyente bondadosa llamada Tabita. Pedro se arrodilló, oró y dijo: «¡Tabita, levántate!». Ella volvió a la vida. El milagro se conoció por todo Jope, y muchos creyeron en el Señor.
Pedro no hizo milagros por su propio poder, sino por su fe en Jesucristo y por una oración sincera. Eneas llevaba ocho años paralizado y Tabita ya había muerto; para las personas eso parecía imposible, pero para Dios nada es demasiado difícil. Esta historia nos enseña que, cuando servimos a otros con fe, Dios puede mostrar su gran poder por medio de nosotros para que más personas lo conozcan.
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