Jacob salió de casa y comenzó solo un largo viaje. Cuando llegó la noche, se detuvo a descansar, usó una piedra como almohada y se quedó dormido bajo las estrellas. Durante la noche, tuvo un sueño maravilloso: una escalera brillante iba desde la tierra al cielo, y los mensajeros de Dios subían y bajaban por ella. Dios le habló a Jacob desde lo alto de la escalera y le prometió que dondequiera que fuera Jacob, Dios estaría con él y no lo dejaría. Cuando Jacob despertó, dijo asombrado: «¡Ciertamente Yahvé está en este lugar, y yo no lo sabía!». Levantó la piedra que había usado como almohada, derramó aceite sobre ella y llamó al lugar Betel, que significa “Casa de Dios”. Mientras Jacob continuaba su viaje, tuvo valor y esperanza porque sabía que Dios estaba con él.
Jacob viajaba solo. Estaba cansado y solo, pero Dios le mostró Su presencia en un sueño y le prometió que dondequiera que Jacob fuera, Dios no lo dejaría. Cuando Jacob despertó, temió y honró a Dios y se acordó de aquel lugar. Esta historia nos recuerda que cuando nos sentimos solos, asustados o inseguros sobre el camino que tenemos por delante, Dios todavía está con nosotros y Su presencia trae esperanza. Podemos orar a Dios, confiarle nuestros problemas y recordar la ayuda que ya nos ha brindado.
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