Cuando Sansón creció, fue a Timná y conoció a una joven. Les contó a sus padres que quería verla otra vez. En el camino, un león apareció de repente, y Dios le dio a Sansón una fuerza especial para enfrentar el peligro con valentía. Más tarde, Sansón encontró miel dulce y la compartió con sus padres. En la fiesta de bodas, Sansón contó una adivinanza sobre la miel, y los invitados trataron de descubrir la respuesta por medio de la joven. Después de que Sansón le dijo la respuesta, los invitados gritaron la solución. Sansón se sintió sorprendido y triste, y al final volvió a casa decepcionado.
Sansón tenía una fuerza especial que Dios le había dado, pero cuando se sentía decepcionado o enojado le costaba dirigir su propio corazón. Esta historia recuerda a los niños que la verdadera fuerza no es solo tener un cuerpo fuerte. También es detenerse cuando estamos tristes, presionados o decepcionados, hablar con honestidad y aprender a controlar nuestros sentimientos. Los dones que Dios nos da son para ayudarnos a hacer lo correcto, no para dejar que los impulsos nos guíen.
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