Durante cuarenta días, mañana y tarde, Goliat, el gigante filisteo, salió a desafiar a Israel, pero nadie en el ejército israelita se atrevía a enfrentarlo. El joven David fue al campamento por encargo de su padre para llevar comida a sus hermanos. Al oír que Goliat insultaba al ejército del Dios viviente, se ofreció a luchar. David se quitó la armadura del rey, que no le quedaba bien, y llevó solamente su cayado de pastor, su honda y cinco piedras lisas. Confiando en Dios, avanzó hacia Goliat. Una piedra golpeó a Goliat en la frente y el gigante cayó. Los filisteos huyeron aterrados y los israelitas celebraron la victoria.
En la vida, también nosotros encontramos dificultades que parecen tan enormes y aterradoras como Goliat, como un examen muy difícil o un entorno nuevo que nos da miedo. David no confió en la espada ni en una armadura que no le quedaba bien. En cambio, confió en Dios y usó con valor la honda y las piedras que sabía manejar. El verdadero valor no garantiza que siempre tengamos éxito de inmediato. Consiste en seguir confiando en Dios cuando sentimos miedo o afrontamos dificultades y en hacer fielmente lo que podemos hacer en ese momento.
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