Al final del Sermón del Monte, Jesús dio varias enseñanzas importantes: no juzguen a los demás a la ligera; primero miren si tienen una gran viga en su propio ojo. Pidan al Padre celestial y él les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Entren por la puerta estrecha, porque estrecho es el camino que lleva a la vida. Finalmente, Jesús contó una historia: un hombre sabio construyó su casa sobre roca firme. Cuando llegaron los fuertes vientos y las lluvias, la casa permaneció en pie. Otro hombre insensato construyó su casa sobre arena suelta; cuando llegó la tormenta, la casa se derrumbó. Quien oye las palabras de Jesús y las pone en práctica es como aquel hombre sabio. La multitud quedó asombrada porque Jesús enseñaba con autoridad.
Jesús usó la parábola de dos constructores de casas para enseñarnos que simplemente escuchar la palabra no es suficiente; también debemos poner en práctica las palabras de Dios. Quienes construyen su vida sobre el fundamento de la palabra de Dios son como casas construidas sobre roca, que no caerán por grandes que sean las dificultades o tormentas que enfrenten. Esto nos recuerda que cada día no sólo debemos leer la Biblia y escuchar las enseñanzas, sino también amar a los demás y someternos a la voluntad de Dios en nuestra vida diaria, permitiendo que nuestra fe se convierta en una base sólida.
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