Pablo llegó a Jerusalén y se reunió con Jacobo y los ancianos. Ellos alabaron a Dios por la obra maravillosa que había hecho entre los gentiles. Para mostrar respeto por la ley judía, Pablo aceptó participar en una ceremonia de purificación en el templo. Pero unos judíos de Asia lo vieron, agitaron a la multitud y lo acusaron de meter gentiles en el templo. Toda la ciudad cayó en confusión, y el comandante romano se llevó a Pablo encadenado para protegerlo.
Aun cuando enfrentemos malentendidos, falsas acusaciones o incluso peligro para nuestra vida, debemos permanecer fieles al llamado de Dios. Pablo estuvo dispuesto a soportar sufrimientos y persecución por el evangelio, porque sabía que cumplir la misión del Señor a veces requiere gran valentía y sacrificio.
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