A medianoche, la palabra del Señor se cumplió en Egipto: llegó la última plaga, y un gran clamor se elevó por toda la tierra. Las familias israelitas permanecieron dentro de las casas marcadas con la sangre del cordero, confiando en la protección del Señor. El faraón llamó a Moisés y Aarón por la noche y dijo a los israelitas que se marcharan con sus rebaños y manadas para servir al Señor. Los egipcios les instaron a partir rápidamente y les dieron plata, oro y ropa. Los israelitas cargaron la masa antes de que amaneciera, partieron de Ramsés, y el Señor vigiló mientras sacaba a su pueblo de Egipto.
La plaga final nos muestra que la palabra del Señor se cumple y que su juicio es real y solemne. Al mismo tiempo, Él protege y rescata fielmente al pueblo que confía en Él. Los israelitas no se salvaron por sus propias fuerzas; permanecieron bajo la señal que Dios les dio y confiaron en Su palabra. Esta seria historia también nos recuerda que cuando una historia bíblica nos parece triste o aterradora, podemos rezar a Dios y contárselo a nuestros padres, profesores u otro adulto de confianza. Obedecer a Dios no es dejarse asustar para hacer cosas; es aprender a reverenciar y confiar al conocer su justicia, su misericordia y su salvación.
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