Dios envió al profeta Samuel a Belén para buscar entre los hijos de Isaí al nuevo rey que había elegido. Los siete hijos de Isaí pasaron uno tras otro ante Samuel, pero Dios no eligió a ninguno de ellos. Samuel preguntó a Isaí si tenía algún otro hijo, y solo entonces Isaí mandó llamar desde los pastos a David, su hijo menor. Dios hizo saber a Samuel que David era la persona que había elegido. Samuel ungió a David con aceite delante de su padre y de sus hermanos. Desde aquel día, el Espíritu de Dios vino con gran poder sobre David. Después, David volvió a cuidar fielmente las ovejas de su padre mientras esperaba el plan de Dios.
La gente suele juzgar a los demás por la apariencia, pero Dios mira el corazón. No tenemos que comparar nuestra estatura o apariencia con la de los demás - ser un hijo bondadoso y fiel que ama a Dios con el corazón es lo más preciado a Sus ojos
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