El rey Asuero gobernó 127 provincias desde su palacio en Susa. En el tercer año de su reinado dio un gran banquete para sus príncipes y funcionarios que duró 180 días completos, y luego abrió una fiesta de siete días para todo el pueblo de Susa. Al mismo tiempo, la reina Vasti ofreció su propio banquete en la parte de mujeres del palacio. El séptimo día, cuando el corazón del rey estaba alegre, envió siete eunucos para que trajeran ante él a la reina Vasti con la corona real, para que todo el pueblo y los funcionarios pudieran ver su belleza. Pero la reina Vasti se negó a venir. El rey se enojó mucho y llamó a sus sabios para preguntarles qué se debía hacer. Memucán se puso de pie y dijo que la desobediencia de Vasti daría un mal ejemplo a todas las mujeres, y sugirió que el rey emitiera un decreto inmutable por el que Vasti nunca más debería presentarse ante él, entregando su posición real a alguien mejor que ella. El rey aceptó este consejo y envió mensajeros rápidos para llevar el decreto a todas las provincias. Esta historia nos recuerda que todos los que ocupan un lugar elevado necesitan aprender humildad y autocontrol, y entregar cada decisión a Dios.
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