Esdras guió al pueblo desde la lejana Babilonia hasta la hermosa Jerusalén. Con alegría quería enseñar a todos la ley de Dios y ayudarlos a caminar en los caminos de Dios. Pronto, algunos líderes se acercaron a Esdras con rostros preocupados y le dijeron: "Muchas personas han olvidado el pacto especial de Dios y sus corazones se están alejando poco a poco de Él". El corazón de Ezra se puso pesado. No estaba enojado; estaba triste porque amaba al pueblo y no quería verlos alejarse de Dios. Se rasgó la túnica, se arrodilló y lloró en silencio. Cuando la gente vio llorar a este hombre que los amaba, se reunieron alrededor y sintieron también tristeza. Por la tarde, Esdras entró en el templo de Dios, se arrodilló, levantó las manos y oró: "Querido Dios, por favor ayuda a tu pueblo a recordar tu amor y regresar a ti". Lentamente, padres, madres, abuelos e incluso niños se arrodillaron junto a Ezra y confesaron sus pecados juntos. El templo se sentía cálido y pacífico, como si Dios les estuviera dando un suave abrazo. Ezra se puso de pie con lágrimas todavía en los ojos pero esperanza en el corazón: "¡Dios es tan bondadoso!" Bajo las hermosas estrellas, juntos iniciaron un nuevo comienzo. Esta historia nos recuerda que Dios no desprecia el corazón quebrantado y contrito; cuando humildemente confesamos y nos arrepentimos, su gracia nos renueva.
Cada libro de la Biblia incluye una historia gratis - la biblioteca completa se abrirá en la aplicación FaithSow.
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