Cuando Jesús se acercaba a Jerusalén, mucha gente pensaba que el reino de Dios estaba a punto de aparecer y se apiñaban a su alrededor para esperarlo. Entonces Jesús contó una parábola. Un noble estaba a punto de viajar a un país lejano para ser coronado rey. Antes de partir, llamó a sus diez sirvientes y les dio a cada uno una mina de plata, diciendo: "Negociad con esto hasta que yo regrese". Algunos sirvientes eran muy responsables y usaban la plata sabiamente. Uno convirtió la mina en diez y otro convirtió una mina en cinco. Pero un sirviente envolvió su mina en un pañuelo y no hizo nada con ella. Después de muchos días, el noble regresó como rey y llamó a los diez sirvientes para ver cómo cada uno había usado lo que su señor les había confiado. Al siervo que ganaba diez minas se le daba autoridad sobre diez ciudades, y al que ganaba cinco minas se le daba autoridad sobre cinco ciudades. Ambos eran buenos servidores que eran "fieles en lo poco". Pero el siervo que escondió su mina fue reprendido, porque se negó a hacer su parte y faltó a la confianza que su amo le había dado. Esta parábola nos enseña que cada uno tiene en sus manos una "mina" de Dios. Puede ser tiempo, talento o un corazón dispuesto a servir. Los niños fieles lo usan bien, pero los perezosos serán reprendidos. Seamos servidores responsables y fieles, para que nuestro señor se regocije.
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