Una pregunta importante provocó un intenso debate: ¿deben los creyentes gentiles observar la ley judía y recibir la circuncisión? Los apóstoles y los ancianos se reunieron en Jerusalén para celebrar una reunión. Pedro contó cómo Dios dio el Espíritu Santo a los gentiles. Bernabé y Pablo informaron de los milagros que Dios hizo entre los gentiles. Santiago citó las palabras de los profetas y dio su decisión. El concilio tomó una decisión histórica: los gentiles no necesitan ser circuncidados.
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