Dios llamó a Moisés al tabernáculo y enseñó a los israelitas cómo ofrecer holocaustos. Ya fuera ganado vacuno, ovejas o aves, la persona que ofrecía ponía su mano sobre la cabeza del animal y le daba lo mejor a Dios. El sacerdote lo quemaría en el altar para que el dulce olor subiera hasta Dios.
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