Pablo llegó a Corinto y conoció a Aquila y Priscila. Ellos hacían tiendas, vivían, trabajaban y servían juntos. Cuando algunas personas se opusieron a Pablo y hablaron mal de él, el Señor lo animó en una visión de noche y le dijo: «No tengas miedo. Sigue hablando, porque yo estoy contigo». Pablo se quedó en Corinto un año y medio, enseñando la palabra de Dios. Más tarde, Aquila y Priscila ayudaron humildemente a Apolos a entender mejor el camino de Dios, y Apolos también ayudó a más personas a creer en Jesús.
Servir a Dios no es un viaje solitario; Dios nos da compañeros en el camino. Cuando tenemos miedo, podemos recordar la promesa del Señor: él está con nosotros y nos guardará. También debemos ayudar humildemente a otros a crecer en la verdad, apoyándonos unos a otros y creciendo juntos.
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