Cuando Jesús vio que la gran multitud lo seguía, subió a un monte, se sentó y comenzó a enseñarles. Los discípulos se sentaron a su alrededor y la gente escuchaba en silencio. Jesús habló con voz suave pero poderosa, pronunciando una serie de bendiciones asombrosas. Dijo: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos; bienaventurados los que lloran, porque serán consolados; bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra; bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados; bienaventurados los misericordiosos, porque recibirán misericordia; bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios; bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios; bienaventurados los que son perseguidos”. por amor a la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”. Estas palabras eran completamente diferentes de lo que la gente solía pensar: a los ojos de Dios, los humildes, gentiles y misericordiosos son los más bendecidos; la verdadera felicidad no reside en cuánto se posee, sino en tener un corazón que se alinee con la voluntad de Dios.
La primera historia de cada libro de la Biblia es gratis; la biblioteca completa se abrirá en la aplicación FaithSow.
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