Una hermosa mañana, Jesús reunió a sus amigos y miró a Pedro, Santiago y Juan con una cálida sonrisa. Les pidió que lo acompañaran, y los tres lo siguieron por el camino polvoriento. Jesús los condujo hacia arriba por una montaña muy alta. El sendero era empinado y pedregoso; Pedro resbaló sobre unas piedras, Santiago se detuvo para recuperar el aliento y Juan lo ayudó a levantarse. Al llegar a la cima, contemplaron los pequeños pueblos, los ríos como cintas de plata y las nubes bajo sus pies. Mientras descansaban, Jesús comenzó de pronto a brillar con una luz deslumbrante. Su rostro era más brillante que el sol, sus ojos relucían y todo su cuerpo parecía lleno de luz. También sus ropas se volvieron blancas como la nieve y como la luz misma. Entonces aparecieron junto a Él dos visitantes misteriosos: Moisés, con una larga barba y un cayado, y Elías, vestido con un manto áspero. Hablaron con Jesús de su viaje a Jerusalén, de los días difíciles que vendrían y de cómo ayudaría a muchas personas. Pedro, emocionado, propuso levantar tres tiendas, una para cada uno. De repente descendió una gran nube luminosa que lo cubrió todo. Desde la nube se oyó una voz profunda, poderosa y llena de amor que declaró que Jesús era su Hijo amado y mandó que lo escucharan. Pedro, Santiago y Juan temblaron y cayeron rostro en tierra. Entonces sintieron el toque suave de Jesús. Su rostro y sus ropas habían vuelto a la normalidad, y Él les dijo con calma que se levantaran y no tuvieran miedo. Cuando miraron alrededor, Moisés, Elías y la nube habían desaparecido; sólo Jesús permanecía con ellos. Después bajaron en silencio por el sendero de la montaña mientras el atardecer teñía el cielo de naranja y rosa, guardando en el corazón todo lo que habían visto y oído.
La primera historia de cada libro de la Biblia es gratis; la biblioteca completa se abrirá en la aplicación FaithSow.
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