El rey Ben-Hadad de Aram dirigió su ejército y sitió Samaria, la capital de Israel. Se desató una terrible hambruna: hasta la cabeza de un asno se vendía a un precio escandaloso, y el pueblo apenas podía mantenerse con vida. El rey de Israel estaba desesperado y pensaba que este desastre venía de Yahveh. Pero el profeta Eliseo anunció al rey la palabra de Dios: "Mañana a esta hora, en la puerta de Samaria, una medida de harina fina se venderá por un siclo, y dos medidas de cebada por un siclo". El capitán en cuya mano se apoyaba el rey se burló: "Aunque Yahveh hiciera ventanas en el cielo, ¿podría ser esto?". Eliseo respondió: "Lo veréis con vuestros propios ojos, pero no comeréis de ello". Aquella misma noche, cuatro leprosos que estaban a la entrada de la puerta de la ciudad decidieron rendirse al campamento arameo; sin embargo, Dios hizo que los arameos oyeran el ruido de carros y de un gran ejército; pensando que el rey de Israel había contratado a los hititas y a los egipcios para que los atacaran, huyeron por la noche, dejando atrás toda su comida y sus bienes. Los leprosos trajeron de vuelta la alegre noticia; el pueblo salió en tropel de la ciudad y tomó las provisiones del campamento, y la palabra de Eliseo se cumplió. Sin embargo, el capitán que se había burlado de la palabra de Dios fue pisoteado hasta la muerte por la gente que se regocijaba en la puerta; lo vio con sus propios ojos, pero no comió. Todo esto nos muestra que toda palabra de Dios se cumple. En nuestra hora más oscura, Él cambia las cosas por Su gracia y nos da esperanza más allá de toda expectativa.
Cada libro de la Biblia incluye una historia gratis - la biblioteca completa se abrirá en la aplicación FaithSow.
Cada libro de la Biblia incluye una historia gratis - la biblioteca completa se abrirá en la aplicación FaithSow.