Una noche, Abram se sentó tranquilamente en su tienda, pensando en su familia y en la tierra. En una visión, Dios le dijo: "No temas, Abram. Yo soy tu escudo". Abram le contó a Dios la preocupación de su corazón: aún no tenía ningún hijo y no sabía quién recibiría su casa después de él. Dios sacó a Abram fuera y le dijo que mirara a las estrellas. Dios le prometió que la descendencia de Abram sería demasiado numerosa para contarla. Abram creyó en la palabra de Dios, y Dios contó su fe como justicia. Más tarde, Dios le dijo a Abram que preparara una ofrenda especial. Abram la preparó cuidadosamente y la guardó. Al ponerse el sol, Abram cayó en un profundo sueño. En la visión, un pebetero humeante y una antorcha brillante pasaban entre las piezas de la ofrenda, mostrando que Dios mismo estaba confirmando su pacto. Abram se despertó con paz y regresó a su casa, confiando en la promesa duradera de Dios.
Confiar en Dios significa contarle las preocupaciones de nuestro corazón y elegir creer en su palabra fiable. Abram aún no había visto cumplida la promesa, pero creyó a Dios cuando éste le dijo que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas. Dios valoró esa fe y la contó como justicia. Esta historia nos recuerda que cuando esperamos mucho tiempo, nos sentimos inseguros o aún no podemos ver el resultado, podemos orar honestamente a Dios, recordar Su palabra y confiar en Su fiel guía paso a paso.
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