Los israelitas llegaron ante Jericó, cuyas puertas estaban bien cerradas. Dios le dijo a Josué que el pueblo marchara alrededor de la ciudad durante siete días; siete sacerdotes con trompetas de cuerno de carnero caminaban delante del Arca de la Alianza. Durante los primeros seis días, dieron una vuelta en silencio cada día; el séptimo día, dieron siete vueltas. Los sacerdotes tocaron las trompetas, el pueblo gritó al unísono y las murallas cayeron. Los amigos de Josué también cumplieron su promesa y pusieron a salvo a Rahab, quien los había ayudado, junto con toda su familia. El pueblo dio gracias a Dios por cumplir su promesa y ayudarlos.
Dios les dijo a Josué y al pueblo que marcharan alrededor de la ciudad durante siete días seguidos. Aunque todavía no habían visto caer las murallas, siguieron adelante tal como Dios les había dicho; el séptimo día, las murallas cayeron. Esta experiencia nos enseña que, aunque por el momento no entendamos la guía de Dios, podemos confiar en Él y obedecerle con fe. La fe no garantiza que cada dificultad desaparecerá como esperamos; significa seguir fielmente a Dios aun en medio de las dificultades.
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