Nehemías seguía siendo copero en el palacio persa, pero su corazón ya había vuelto a Jerusalén. Durante varios días, incluso mientras llevaba la copa, su ceño permaneció fruncido. El rey Artajerjes miró el rostro de Nehemías y le preguntó suavemente: "No estás enfermo. ¿Por qué tienes la cara tan triste?" El corazón de Nehemías se apretó - ¡esta era una petición de vida o muerte! Rápidamente rezó al Dios del cielo y tomó una decisión valiente: decirle la verdad al rey. "La ciudad de los sepulcros de mis padres está destruida y sus puertas quemadas por el fuego. Por favor, envíame de vuelta para reconstruirla". El rey no sólo accedió, sino que le dio cartas de salvoconducto y ordenó a Asaf, guardián del bosque del rey, que le diera madera. Todo esto sucedió porque "la buena mano de Dios" estaba sobre él. Nehemías atravesó montañas y ríos y finalmente llegó a Jerusalén. No reunió al pueblo de inmediato. En cambio, por la noche, con sólo unos pocos hombres de confianza y su propio animal, cabalgó a lo largo del muro roto y lo inspeccionó en la oscuridad. A la luz de la luna, observó en silencio cada puerta carbonizada y cada piedra derrumbada, y en su corazón tomó la decisión de construir. Al cabo de tres días, reunió al pueblo y dijo: "Mirad cómo me ha ayudado la buena mano de Dios y cómo ha atendido el rey mi petición. Venid, levantémonos y construyamos". El pueblo respondió a una voz: "¡Levantémonos y construyamos!". Y fortalecieron sus manos para esta buena obra. Esta historia nos dice: el valor no es la ausencia de miedo, sino tomar la decisión correcta con Dios a nuestro lado; una inspección cuidadosa más la gracia de Dios más una decisión valiente pueden convertir el trabajo más duro en la bendición más hermosa.
Cada libro de la Biblia incluye una historia gratis - la biblioteca completa se abrirá en la aplicación FaithSow.
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