Después de que los madianitas huyeron, Gedeón siguió persiguiendo a los dos reyes de Madián con sus trescientos hombres. En el camino estaban cansados y hambrientos; pidieron comida en Sucot y en Penuel, pero fueron rechazados. Gedeón no abandonó la misión y siguió confiando en Dios. Más tarde alcanzó a los dos reyes para que ya no molestaran al pueblo. Al volver, también recordó a quienes se negaron a ayudar que debían aprender a tratar con bondad a los cansados. Cuando los de Efraín se enojaron por no haber participado desde el principio, Gedeón los elogió con palabras suaves y calmó la disputa. Al final, Gedeón dio a Dios toda la ayuda y la victoria, recordando a todos que la verdadera fuerza viene de Dios.
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